Los centros de datos como catalizadores de la transición energética 

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La expansión de la inteligencia artificial está convirtiendo a los centros de datos en uno de los nuevos grandes focos de demanda eléctrica. Lejos de ser una cuestión exclusivamente tecnológica, su crecimiento está teniendo consecuencias directas sobre la planificación energética: allí donde se construyen grandes instalaciones de computación también aumenta la necesidad de generación, capacidad de red y flexibilidad del sistema eléctrico. 

La Agencia Internacional de la Energía (IEA) calcula que el consumo mundial de electricidad de los centros de datos aumentó un 17% en 2025, hasta unos 485 TWh. Su previsión actual apunta a que prácticamente se duplicará hasta alrededor de 950 TWh en 2030, cuando representará aproximadamente el 3% de la demanda eléctrica mundial. El crecimiento de los centros orientados a inteligencia artificial será todavía más rápido. 

Esta presión adicional sobre el sistema puede convertirse, sin embargo, en un estímulo para acelerar inversiones que resultan necesarias para la transición energética. La demanda de los centros de datos es, en muchos casos, grande, concentrada y vinculada a proyectos que requieren suministro eléctrico durante largos periodos. Esa combinación puede favorecer la construcción de nueva generación renovable y reforzar las redes que deben integrarla. 

La demanda digital como motor de nueva energía 

Las renovables ya desempeñan un papel central en la respuesta a este incremento de demanda. Según la IEA, serán la fuente que más crecerá en el suministro eléctrico destinado a los centros de datos entre 2024 y 2030 y cubrirán cerca de la mitad del aumento de su demanda eléctrica durante ese periodo. El crecimiento procederá principalmente de la expansión de la energía solar fotovoltaica y la eólica. 

Los grandes consumidores tecnológicos también están utilizando contratos de compraventa de electricidad a largo plazo, conocidos como PPA, para asegurar suministro renovable. El sector tecnológico representó alrededor del 40% de todos los PPAs corporativos de renovables firmados en 2025, según la IEA. Algunos operadores están además invirtiendo directamente en instalaciones renovables vinculadas a sus centros de datos. 

La relación no es, en cualquier caso, automática. La misma demanda que puede favorecer nuevos proyectos renovables puede aumentar también el uso de combustibles fósiles si la generación limpia y las redes no avanzan con suficiente rapidez. La IEA señala que el crecimiento de los centros de datos está impulsando en el corto plazo tanto las renovables como la generación con gas y carbón en distintos mercados. 

Por eso, el verdadero potencial de estos consumidores no reside únicamente en contratar electricidad renovable, sino en integrarse en un sistema eléctrico capaz de combinar generación, almacenamiento y flexibilidad. 

Una oportunidad para modernizar las redes eléctricas  

Las redes eléctricas constituyen uno de los principales límites físicos para ese crecimiento. Más de 2.500 GW de proyectos de renovables, almacenamiento y grandes cargas están actualmente en colas de conexión en todo el mundo, según la IEA. La cifra no corresponde exclusivamente a centros de datos, pero ilustra la magnitud del problema de conexión al que se enfrentan simultáneamente nuevos proyectos de generación y grandes consumidores. 

La diferencia entre los plazos de construcción hace especialmente relevante esta cuestión. La IEA estima que desarrollar y completar nuevas infraestructuras de red puede requerir entre cinco y quince años, mientras que un nuevo centro de datos puede construirse en uno a tres años. Las nuevas instalaciones de generación solar y eólica también pueden desplegarse más rápidamente que muchas grandes infraestructuras de red. 

La respuesta pasa, por tanto, no solo por construir más líneas, sino también por utilizar mejor las existentes. La IEA identifica mecanismos como las conexiones no firmes, que permiten limitar temporalmente el consumo o la producción en determinadas circunstancias, y tecnologías de mejora de las redes, entre ellas la gestión dinámica de líneas o el control avanzado de los flujos de potencia. Estas soluciones pueden liberar capacidad antes de que estén terminadas las grandes ampliaciones de infraestructura. 

La UE ha empezado a incorporar esta perspectiva a su política energética. La Comisión Europea sostiene que los centros de datos diseñados para adaptar su consumo a las condiciones de la red pueden contribuir a mejorar la estabilidad del sistema, reducir costes e integrar más energías renovables. Este septiembre, la Comisión presentó además una propuesta de esquema común de calificación para mejorar la transparencia sobre el consumo energético y el impacto ambiental de estas instalaciones y abrió una consulta sobre posibles estándares mínimos de rendimiento. 

El desafío consiste en que el crecimiento de la economía no se traduzca simplemente en más demanda eléctrica, sino en un estímulo para ampliar la generación renovable, mejorar la flexibilidad y modernizar las redes. Los centros de datos no son por sí mismos una solución a la descarbonización. Pero su enorme necesidad de electricidad puede convertirse en una señal de inversión que acelere algunas de las infraestructuras necesarias para construir un sistema eléctrico más renovable, flexible y preparado para una economía cada vez más electrificada. 

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