
Las principales bolsas europeas han cerrado este miércoles con predominio de las caídas, poniendo fin a un mes complicado para la renta variable del continente. El aumento de las rentabilidades de la deuda, la presión de los precios energéticos y las dudas sobre la evolución de los tipos de interés volvieron a condicionar las decisiones de los inversores.
El índice paneuropeo Stoxx 600 terminó la jornada con un retroceso cercano al 0,5%, después de haber llegado a cotizar en positivo durante las primeras horas de negociación. Con este movimiento, el indicador cerró septiembre con una caída aproximada del 2,5%, su primer balance mensual negativo en seis meses, mientras que en el conjunto del tercer trimestre perdió alrededor de un 1%.
El comportamiento de las principales plazas reflejó nuevamente la cautela existente en los mercados. Las ventas ganaron fuerza durante la sesión pese a que la jornada había comenzado con avances generalizados, apoyados inicialmente por una cierta relajación de los rendimientos de la deuda.
Uno de los principales focos continúa situado en el mercado energético. El petróleo acumula una subida cercana al 14% durante septiembre, impulsado por las tensiones geopolíticas y las dificultades para alcanzar avances en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán. El encarecimiento del crudo ha reavivado las preocupaciones sobre la inflación y sus posibles consecuencias sobre la política monetaria.
Los bonos mantienen la presión sobre la renta variable
El mercado de deuda sigue siendo otro de los grandes condicionantes para las bolsas. Aunque el rendimiento del bono alemán a diez años moderó ligeramente su avance, continúa situado en niveles elevados, lo que reduce el atractivo relativo de las acciones y aumenta los costes financieros para empresas y Estados.
Los inversores también analizaron los últimos datos de inflación de Estados Unidos. El índice de precios de consumo personal, una de las referencias seguidas por la Reserva Federal, mostró una evolución algo más moderada de lo esperado. Sin embargo, la reacción positiva inicial perdió fuerza a medida que avanzaba la jornada.
Por sectores, la mayoría de los componentes del Stoxx 600 terminó en negativo. Las aseguradoras estuvieron entre las más penalizadas, con una caída cercana al 1,4%, mientras que los bancos retrocedieron aproximadamente un 0,8% y los valores industriales cedieron alrededor de un 0,7%.
Las compañías energéticas también corrigieron cerca de un 0,9% durante la sesión, aunque el sector termina septiembre con ganancias próximas al 2,7%, favorecido precisamente por el encarecimiento del petróleo.
En sentido contrario, las empresas británicas de servicios públicos registraron un mejor comportamiento, mientras que algunos valores concretos destacaron por motivos empresariales. La cadena británica Greggs llegó a avanzar más de un 8% después de mejorar sus previsiones de beneficio anual.
El cierre de septiembre deja así a las bolsas europeas pendientes de la evolución de la inflación, los mercados de deuda y el petróleo. Estos tres factores seguirán marcando el tono de los mercados al inicio de octubre, especialmente ante la incertidumbre sobre los próximos movimientos de los principales bancos centrales.

