
Las principales bolsas asiáticas cerraron este lunes con un comportamiento desigual, en una sesión marcada por la recogida de beneficios en las compañías tecnológicas, la moderación de los precios del petróleo y la espera ante una semana clave para los resultados empresariales vinculados a la inteligencia artificial. Tokio y Seúl registraron descensos, mientras que Hong Kong avanzó y Shanghái se mantuvo prácticamente estable.
El Nikkei 225 de Tokio cedió un 0,3% y terminó la jornada en los 69.568,27 puntos. La presión volvió a concentrarse en algunos de los grandes valores relacionados con la tecnología y los semiconductores. SoftBank retrocedió un 3,3%, mientras que Tokyo Electron, fabricante de equipos para la industria de chips, perdió un 1%. El ajuste refleja una toma de beneficios tras la fuerte revalorización acumulada por el sector tecnológico japonés en los últimos meses.
La misma cautela se trasladó a Corea del Sur. El Kospi cayó un 0,7%, hasta los 8.033,16 puntos, pese a que el mercado mantiene una evolución muy positiva en lo que va de año. La volatilidad en el sector de los semiconductores volvió a condicionar el comportamiento del índice, en un momento en el que los inversores esperan nuevas referencias sobre la fortaleza de la demanda de memorias y componentes para centros de datos e infraestructuras de inteligencia artificial.
En el lado positivo destacó Hong Kong. El Hang Seng avanzó un 0,8%, hasta los 23.540,58 puntos, y actuó como principal contrapunto a las caídas de Japón y Corea del Sur. En China continental, el Shanghai Composite apenas varió y cerró en los 4.042,08 puntos, con un descenso inferior al 0,1%. La estabilidad del mercado chino mostró que el ajuste tecnológico no se extendió de forma homogénea al conjunto de la región.
También Australia cerró en negativo. El S&P/ASX 200 bajó un 0,2%, hasta los 8.831 puntos, en una jornada de menor apetito por el riesgo. El balance regional evidenció que los inversores han optado por reducir exposición a los valores más exigentes en valoración, especialmente aquellos ligados a la cadena global de chips, sin que ello haya derivado en una venta generalizada de renta variable.
Uno de los factores que sostuvo el tono de fondo fue el descenso del petróleo. La decisión de varios países de la OPEP+ de aumentar sus objetivos de producción en 188.000 barriles diarios a partir de agosto reforzó las expectativas de una mayor oferta mundial. El Brent se movió en torno a los 72 dólares por barril, cerca de mínimos de varios meses, un escenario que podría aliviar las presiones inflacionistas y reducir la necesidad de nuevas subidas de tipos de interés.
La atención se dirige ahora a Estados Unidos y a la próxima reunión de la Reserva Federal. Tras unos datos de empleo más débiles de lo esperado, los mercados de futuros elevan la probabilidad de que el banco central mantenga los tipos sin cambios el 29 de julio. Además, la publicación de resultados de Samsung esta semana servirá como una nueva prueba para medir la fortaleza real del ciclo de inversión en inteligencia artificial.
La sesión asiática deja, por tanto, un mensaje de prudencia: el interés estructural por la inteligencia artificial se mantiene, pero los inversores empiezan a distinguir entre las expectativas de crecimiento y las valoraciones ya alcanzadas por algunos de los grandes nombres tecnológicos.


