
Las principales bolsas asiáticas cerraron el martes 23 de junio con fuertes descensos, en una sesión marcada por la corrección de las compañías tecnológicas y de semiconductores. La aversión al riesgo se extendió por la región después de las ventas registradas en Wall Street y ante el aumento de las expectativas de una política monetaria más restrictiva en Estados Unidos.
El episodio más severo se vivió en Corea del Sur. El Kospi se hundió un 9,99%, después de que la presión vendedora obligara a activar un mecanismo de interrupción temporal de la negociación. La medida, aplicada por el operador del mercado tras una caída superior al 8%, detuvo durante veinte minutos las operaciones. El deterioro estuvo liderado por los grandes fabricantes de chips, especialmente Samsung Electronics y SK Hynix, dos de los principales motores de la subida que había protagonizado la plaza coreana en los últimos meses.
Japón tampoco escapó al ajuste. El Nikkei 225 cedió un 3,55% y terminó en 69.788,38 puntos, por debajo de la cota psicológica de los 70.000 enteros. La caída castigó con especial intensidad a las firmas vinculadas a la cadena de suministro de semiconductores. Entre los valores más afectados figuraron SoftBank y Tokyo Electron, sensibles al ciclo de inversión en inteligencia artificial y a las expectativas de demanda de infraestructura digital.
El tono negativo se trasladó también a los parqués de la Gran China. El Hang Seng de Hong Kong retrocedió un 1,82%, hasta situarse en mínimos de un año, mientras que el Shanghai Composite perdió un 1,37%. La debilidad alcanzó a las grandes compañías de internet, consumo y tecnología, en un contexto en el que los inversores optaron por reducir exposición a activos con valoraciones elevadas. Taiwán, otro de los centros de la producción mundial de chips, también acusó las ventas en el segmento tecnológico.
El origen inmediato del movimiento estuvo en las dudas sobre el recorrido de las valoraciones asociadas a la inteligencia artificial. Tras meses de fuertes subidas en fabricantes de memorias, diseñadores de chips y empresas de equipamiento, el mercado aceleró la toma de beneficios. A ello se sumó la inquietud por una Reserva Federal potencialmente más dura frente a la inflación. Los mercados monetarios elevaron las apuestas por una subida de tipos antes de septiembre, un escenario que reforzó al dólar y elevó la presión sobre los activos de riesgo.
La caída del petróleo, con el Brent por debajo de los 80 dólares el barril, no logró compensar esa prudencia. Aunque un crudo más barato puede aliviar las tensiones inflacionistas, la atención se concentró en la evolución de los rendimientos de la deuda estadounidense y en las señales de endurecimiento monetario.
La jornada dejó una advertencia para los mercados asiáticos: la concentración del avance en unas pocas compañías ligadas a los chips y a la inteligencia artificial incrementa la vulnerabilidad ante cualquier revisión de expectativas. El desplome no cuestiona por sí solo la inversión estructural en digitalización, pero sí evidencia que el mercado exige resultados y visibilidad suficientes para sostener unas valoraciones muy exigentes.

