
Los mercados financieros encaran el final de la semana con crecientes dudas sobre la fortaleza de Wall Street y la capacidad de los inversores para absorber grandes operaciones corporativas. La expectativa generada por la posible salida a bolsa de SpaceX se ha convertido en uno de los principales factores que condicionan el ánimo del mercado, mientras los futuros europeos anticipan una apertura con descensos.
La presión vendedora sobre las grandes compañías tecnológicas estadounidenses ha terminado trasladándose a las bolsas europeas. Los principales índices de Estados Unidos se encuentran en mínimos de aproximadamente un mes, con un retroceso cercano al 5% en el S&P 500 y de alrededor del 7% en el Nasdaq 100 desde sus niveles más recientes.
Las valoraciones tecnológicas vuelven al centro del debate
Los inversores analizan si las elevadas valoraciones alcanzadas por las empresas vinculadas a la inteligencia artificial se corresponden con sus perspectivas reales de beneficios. En este escenario, una operación de gran tamaño como la salida a bolsa de SpaceX podría servir como prueba para medir el apetito inversor.
La capacidad del mercado para absorber una compañía con una valoración elevada permitirá comprobar si continúa la demanda por activos tecnológicos y negocios innovadores o si, por el contrario, los inversores comienzan a mostrar una mayor cautela.
Wall Street viene de encadenar cerca de diez semanas de avances casi ininterrumpidos. Desde principios de abril, el Nasdaq 100 acumuló una subida aproximada del 34%, mientras que el S&P 500 avanzó alrededor de un 20%. Después de este recorrido, la recogida de beneficios se presenta como un movimiento habitual y no necesariamente como el inicio de una tendencia bajista prolongada.
Sin embargo, la pérdida de algunos soportes técnicos de corto plazo ha aumentado la atención sobre el cierre semanal. Los índices estadounidenses cerraron recientemente los huecos alcistas abiertos el 26 de mayo, una señal que refleja cierto agotamiento de la presión compradora y la posibilidad de que el mercado haya alcanzado un techo temporal.
El S&P 500 vigila el soporte de los 7.315 puntos
La principal referencia técnica para el S&P 500 se sitúa en los 7.315 puntos, nivel equivalente al retroceso del 23,6% de Fibonacci del rally iniciado en abril. En el Nasdaq 100, el soporte comparable se encuentra alrededor de los 28.840 puntos.
Un cierre semanal por debajo de estas zonas podría reforzar la posibilidad de una corrección más profunda. En ese escenario, el S&P 500 podría dirigirse hacia los 7.125 puntos, mientras que el Nasdaq 100 tendría una primera referencia relevante en los 27.690 puntos.
Si estos niveles tampoco consiguieran frenar las ventas, los inversores podrían comenzar a vigilar soportes situados entre los 6.770 y los 6.820 puntos en el S&P 500. En el Nasdaq 100, las siguientes zonas de control aparecerían entre los 25.500 y los 25.850 puntos.
El mercado espera una subida de tipos del BCE
La renta variable no es el único foco de atención. El mercado de deuda soberana europea da prácticamente por descontado que el Banco Central Europeo anunciará una subida de los tipos de interés de 25 puntos básicos.
Este movimiento supondría el primer incremento del precio del dinero desde septiembre de 2023. Los inversores también esperan un discurso más restrictivo por parte de Christine Lagarde, especialmente si aumentan las presiones inflacionarias relacionadas con el conflicto en Oriente Medio y el encarecimiento de la energía.
La rentabilidad del bono alemán a diez años ha superado el 3%, mientras que la deuda española con el mismo vencimiento se mueve alrededor del 3,5%. El mercado tampoco descarta una nueva subida de tipos después del verano si la inflación mantiene una evolución desfavorable.
El petróleo mantiene la presión sobre la inflación
El barril de Brent ha vuelto a superar los 93,5 dólares debido al aumento de las tensiones en Oriente Medio y a las dudas sobre un posible acuerdo entre Estados Unidos e Irán. Las restricciones y ataques relacionados con el estrecho de Ormuz siguen alimentando el temor a que las perturbaciones en el suministro se prolonguen.
Aunque una escalada de gran magnitud no aparece como el escenario principal, la evolución de los futuros del petróleo muestra preocupación por la duración del conflicto. Los contratos con vencimiento en diciembre de 2026 presentan una mayor resistencia que algunas referencias más próximas, lo que refleja el temor de los operadores a que los problemas de oferta no se resuelvan rápidamente.


