
La escalada del conflicto entre Irán e Israel ha generado una nueva onda expansiva en los mercados internacionales. En apenas dos semanas, el precio del petróleo Brent ha repuntado más del 18 %, alcanzando los 92 dólares por barril, su nivel más alto desde finales de 2023. Este movimiento reactiva las alertas inflacionarias en un momento en que los bancos centrales se encuentran en fase de pausa o ajuste moderado de sus políticas monetarias.
El detonante fue un nuevo intercambio de misiles en la región del estrecho de Ormuz, punto estratégico por el que transita aproximadamente un 20 % del suministro mundial de crudo. Aunque no se han producido interrupciones formales, los analistas advierten que un cierre efectivo del estrecho podría empujar el barril hasta los 130 dólares, con efectos directos en la inflación global, especialmente en economías altamente dependientes de la energía fósil.
Según estimaciones de varios servicios financieros, un encarecimiento sostenido del crudo podría llevar la inflación anual en Estados Unidos hasta el 6 %, obligando a la Reserva Federal a mantener los tipos de interés altos durante más tiempo de lo previsto. En Europa, el riesgo se concentra en países del sur y del este, más expuestos al impacto energético y con menor margen fiscal para amortiguar subidas de precios.
En los mercados bursátiles, la reacción ha sido mixta. Mientras los valores del sector energético, como Repsol, Shell y TotalEnergies, han liderado las subidas, los sectores más sensibles a los costes —transporte, aerolíneas y distribución— han mostrado retrocesos. El índice Stoxx 600 Oil & Gas se revalorizó un 3,4 % la semana pasada, frente a una caída del 1,2 % del Stoxx general.
Los bonos soberanos han vuelto a ganar atractivo como refugio, mientras que el oro ha tocado los 3.480 dólares por onza, impulsado por la búsqueda de activos defensivos. Al mismo tiempo, el dólar ha mostrado cierta debilidad, cediendo terreno frente al euro y al franco suizo, moneda tradicional de refugio en tiempos de crisis.
En este contexto, los inversores ajustan carteras priorizando sectores defensivos y geografías menos expuestas a la crisis energética. El seguimiento de los próximos movimientos diplomáticos, en particular la postura de Estados Unidos, será clave para definir si el episodio actual se convierte en una crisis prolongada o si se estabiliza en las próximas semanas.

