Fitch, optimista respecto a las perspectivas de la banca española

Fitch, optimista respecto a las perspectivas de la banca española

Los analistas de la agencia de calificación crediticia Fitch se muestran “moderadamente” optimistas respecto a las perspectivas de la banca española para 2018.

La firma considera que ninguna entidad registra ahora un escenario de futuro negativo, si bien una hipotética elevación de los rátings estará vinculada, entre otros factores, a que sean capaces de reducir su exposición a activos improductivos.

Esta es una de las ideas que la agencia transmitió ayer a los asistentes al Madrid Credit Outlook 2018, celebrado en el Hotel Westin Palace. “Somos moderadamente optimistas respecto a la banca española, pero si no se reducen significativamente los activos problemáticos y, por lo tanto, dejar de drenar el capital, será difícil que veamos subidas de ráting en 2018”, señaló Cristina Torrella, directora sénior de Instituciones Financieras de Fitch.

“Tenemos perspectivas positivas para muy pocos bancos y estos son sensibles justamente a estas métricas”, añade Torrella, que insiste en que para los bancos españoles será clave reducir el volumen de préstamos y ladrillo improductivos sin que esto comporte impactos negativos en el capital.

No será tarea fácil librarse del lastre inmobiliario sin afectar a las ratios de solvencia, según las cifras que maneja Fitch. Tan solo cuatro bancos (Santander, BBVA, Bankinter y Abanca) mantienen en su balance un volumen de activos improductivos y adjudicados pendientes de vender inferior al 50% de su capital de máxima calidad (CET1 fully loaded). El resto de entidades se sitúan por encima, lo que en opinión de la agencia supone unos niveles demasiado altos de capital vinculado a las exposiciones tóxicas.

Más allá del problema de la reducción de los activos tóxicos, los analistas de Fitch identifican otras cuatro claves que podrían condicionar la evolución de las calificaciones de los bancos españoles.

Una de ellas es el riesgo político en Cataluña. En opinión de la agencia de ráting, el riesgo más obvio (el de una fuga de depósitos) se frenó con la decisión de los bancos catalanes de trasladar sus sedes fuera de la comunidad autónoma. Pero permanece otro riesgo más a largo plazo: la evolución de la economía catalana, ya que los bancos de esta comunidad están más expuestos a una ralentización del PIB, que podría afectar a su vez a la calidad de los activos y a los niveles de morosidad.

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